Blog personal de un estudiante del Instituto de Ciencia y Tecnología de Concepción

¿Debe una pareja decirse siempre la verdad?

Cuando se está tratando de analizar la verdad, no podemos tenerla juzgada de antemano, ni favorable ni desfavorablemente. Sin embargo, los méritos de la verdad resultan evidentes bajo el más ligero examen.

La verdad es la representación de algo que existe o ha existido. La mentira es la representación de algo que no ha existido hasta el momento, con la peculiaridad de que lo representa como si hubiera ocurrido. En eso se diferencia de la fantasía; una novela, por ejemplo, nos cuenta sucesos ficticios, pero está sobrentendido que se trata de una invención, y no pretende hacernos creer que los mismos sucedieron. La mentira sí, por eso es un engaño, y tiene el defecto de la contradicción.

La verdad tiene la ventaja práctica, ilustrada por el célebre cuento del pastor bromista que avisaba mentirosamente de la proximidad del lobo, hasta que, cuando el lobo se presentó de veras, nadie lo creyó. La verdad es, por tanto, el mejor punto de referencia para que las personas puedan comunicarse y entenderse.

De manera que, en principio, la verdad debe prevalecer. Es decir, debe decírsela cuando no hay razones verdaderamente poderosos para ocultarla. Ahora bien, ¿quién puede determinar cuál es una razón poderosa para callar la verdad? Eso ya depende en alto grado de las circunstancias, de la opinión, y del temperamento de cada uno, así como de la cantidad de videos caseros que se tengan el uno con el otro.

En caso de duda, hay quien toma el camino intermedio: no dice una mentira, pero tampoco dice la verdad; es decir, se queda callado. Entonces, una cosa es callarse y otra es expresar una mentira, aunque hay casos en que, cuando se guarda silencio, se está implicando un hecho falso y, en estas circunstancias, ambos términos sí cobran el mismo sentido. Por otro lado, en aspectos de la lealtad, se puede admitir que, aunque hay una diferencia entre callarse inofensivamente la verdad y mentir, lo que existe entre ambos conceptos es una diferencia de grado, no de calidad.

Cuando alguien se justifica ante sí mismo el guardar silencio, o incluso el mentir, ¿a título de qué lo hace? Pues a título de un interés más alto que el de la verdad que pudiera expresar en cambio, un interés tan alto que valga la pena faltar a lo cierto.

Pero, ¿cómo vamos a saber cuándo ese interés es efectivamente mayor que el de la verdad? Puede tratarse de un interés egoísta y malévolo, como cuando se apela al embuste para obtener ventajas que no se merecen. Pero estamos hablando de otros intereses, que son legítimos por derecho propio, como el de mantener las buenas relaciones y la felicidad en la relación de pareja.

Entonces, ocultar la verdad nunca se justifica cuando ello conduce a una situación que es falsa de por sí, pero puede justificarse cuando la situación resultante es veraz. Por ejemplo, las mujeres desnudas que son infieles a su esposo y se lo oculte, crea una situación de aparente armonía conyugal; es decir, sus relaciones con el marido son falsas; aquí la ocultación de la verdad lleva a una situación de mentira. En cambio, si el episodio únicamente involucra un beso intrascendental, la situación de continuada felicidad matrimonial que prevalecería, sería real y verdadera porque el incidente no responde a un verdadero interés.